viernes, 22 de mayo de 2009

Cheney anda de regreso


Justo cuando pensábamos que el mundo se había librado para siempre del protervo ex vicepresidente Dick Cheney -uno de los políticos más despreciables que ha conodico la historia política norteamericana-, he aquí que lo tenemos de vuelta, como el principal crítico de las políticas de seguridad de Obama y defensor acérrimo del "legado" de la era Bush. Este maestro del engaño y el doble lenguaje, adalid de la vulgaridad y la prepotencia y "genio malo" de los Neocons aprovecha el absoluto vacío de liderazgo que padece el Partido Republicano y aparece como el principal portavoz de la oposición, junto con el insufrible locutor de ultraderecha y campeón del mal gusto, Rush Limbeugh. Esta atraviliaria parejita representa a los adversarios del presidente . Eso es tener suerte, Brarack.
Reproduzco, traducido al español, un interesante artículo de Maureen Down aparecido antier en el New York Times. No tiene desperdicio.
Los Dos Halcones Nunca se Fueron
Dick [Cheney] y Rummy [Donald Rumsfeld] están en el Café Milano de Georgetown, rodeados de admiradores. Los mozos revolotean alrededor de ellos. Los turistas captan sus imágenes con cámaras digitales. Los charlatanes de los canales de cable se dan una vuelta por el lugar para congraciarse.

No se trata del regreso del ex vicepresidente y del ex ministro del Defensa. En realidad, nunca se fueron.

No tenían la menor intención de entregar la seguridad nacional de Estados Unidos al Joven Maravilla. Los dos mayores expertos en luchas internas de la historia de Washington no iban a cederle la cancha a un puñado de imberbes comunistoides que simpatizan con los terroristas.
Que George W. siga haciendo flexiones en el gimnasio de la Universidad Metodista del Sur, en Dallas, esperando que la historia lo redima; Dick y Rummy están avanzando sobre la historia, como es su costumbre. Cheney está bronceado por el maquillaje de la TV: no tiene sentido quitárselo.

Sus apariciones no tienen pausa, y ayer dio su gran discurso contra Obama en el American Enterprise Institute. "Fue divertido cuando estabas en el canal Fox y te dijeron que eras «el grillete y la cadena» que atenazan el pie de Obama", dice Rummy esbozando una sonrisa pérfida y bebiendo un trago de su brunello .

Dick gruñe, alzando su tenedor de su plato de risotto Gucci con codornices asadas. "Esos mocosos se creyeron que podrían pasarnos por encima -masculla el vice-. A nosotros nadie nos pone en un rincón."

Estudiando la codorniz, Rummy menea la cabeza. "¿No es increíble la frescura de ese insolente mocoso, que en la cena de gala con la prensa dijo que tus memorias se llamarían «Cómo dispararles a los amigos e interrogar a las personas»? ¿Qué pasó con la gran tradición de la Casa Blanca de tratar con respeto a los predecesores?"

Dick se mira en la pantalla detrás de la barra, donde Fox está mostrando un segmento sobre cómo los republicanos lo elogiaron en los programas dominicales por el fulminante ataque contra Obama.

"No puedo creer lo fácil que resultó poner en línea a Obama -dice Rummy, mascando un poco de gorgonzola-. Ni siquiera habríamos necesitado el «submarino» si todo el mundo se hubiera entregado como él. Fue incluso más fácil que hacerle tragar el asunto a Bush Junior. Mucho más sencillo de lo que hubiera sido tener que enfrentarnos con McCain. Al final, ganó el tipo que queríamos."

"Ahora estás a cargo de la seguridad nacional y todo el mundo lo sabe -dice Rummy-. Hiciste que Obama diera marcha atrás con lo de las fotos de las torturas. Y ahora está usando nuestro viejo argumento de que pondría en peligro a los soldados. Está manteniendo nuestros tribunales militares. Está tratando de suprimir cualquier clase de comisión de esclarecimiento de la verdad, gracias al cielo. Tiene su propia gran ofensiva en Afganistán. Se está retirando más lentamente de Irak. Ha ampliado nuestras incursiones secretas sobre la frontera afgana en territorio paquistaní."

Dick sonríe con ironía. "La transparencia muerde", gruñe.
"Por todos los cielos, sí -dice Rummy-. Controlamos a Bush Junior manipulando su miedo a parecer un debilucho, como le pasó a su papá. Y ahora estamos controlando al Joven Maravilla manipulando su ansiedad por demostrar que los demócratas son duros en seguridad nacional. Se muere por los generales de cuatro estrellas, no puede resistirse a nadie de uniforme. Si queremos hacerlo tambalear, basta con que les enviemos a los militares con sus brillantes medallas."

Rummy ahuyenta a unos turistas japoneses después de haberles confiscado sus cámaras. "He oído que Papá Bush está furioso contigo -dice-. Anda diciendo que confió a Junior a tu cuidado y que tú le robaste la presidencia y destruiste el nombre de los Bush. Y que, encima, arruinaste todas las posibilidades de que Jeb llegara alguna vez a ser presidente. Cree que todas esas operaciones de corazón te dejaron un poco chiflado. Y Colin [Powell] también está furioso."
"Por lo que me importa, puede irse a hacer yoga con Pelosi", masculla Dick. Los dos viejos conspiradores chocan sus copas. "Entonces -cavila Rummy-, ¿qué le hacemos hacer ahora a nuestro nuevo chico en la Casa Blanca?"

"Bueno -dice Dick-. Tiene que mantener abierta la prisión de Guantánamo. Es grandioso que su propio partido no le dé el dinero para cerrarla. El factor «no en mi patio trasero» tiene que parar esa mariconada diplomática con las naciones musulmanas. Tiene que permitir que Netanyahu destruya esas plantas nucleares iraníes. Tiene que acabar con esos momentos Kodak con Hugo Chávez. Tiene que hacer públicos esos memorandos de la CIA que demuestran que hicimos bien al hacer pedazos la Constitución."

"¿Podemos conseguir que haga todo eso, Dick?"

Los ojos de Dick brillan. "Yes, we can"

1 comentario:

Geraldina dijo...

Dowd es terríble, durísima.
Muy bueno...y en efecto el chico de la casa blanca ya anda cediendo a unos mesesitos, qué pasará?